Un equipo de neurocientíficos del MIT y de varias universidades europeas han hallado una mutación genética que se produjo hace más de medio millón de años y que pudo jugar un papel clave para que los humanos desarrollaran su capacidad única en la naturaleza de crear y entender el habla y el lenguaje.

La versión humana de un gen llamado Foxp2 facilita la transformación de nuevas experiencias en procedimientos rutinarios. De hecho, cuando los científicos insertaron este gen a ratones, estos aprendían mucho más rápido a salir de un laberinto que los ratones normales y tenían más capacidad de formar nuevas sinapsis o conexiones entre neuronas.

Este hallazgo indica que Foxp2 debió ser un componente clave en el aprendizaje lingüístico humano, que implica traducir las experiencias, como oír la palabra vaso cuando nos muestran un vaso de agua, y asociarlas automáticamente con otros objetos que cumplen funciones similares, según Ann Graybiel, profesora del MIT, miembro del Instituto McGovern de investigación cerebral y principal autora del estudio: “El gen que nos hizo posible hablar está relacionado con una especial forma de forma de aprendizaje que nos lleva a formar asociaciones automáticas conscientes basadas en los objetos que nos rodean”.

Todas las especies animales se comunican con sus congéneres, pero solo los humanos pueden generar y comprener el lenguaje. Foxp2 es uno de los genes que han contribuido al desarrollo de esas habilidades, según los neurocientíficos.

El gen fue identificado primero en un grupo de familiares que tenían serias dificultades de habla y entendimiento, y cuyo ADN incorporaba una versión mutada de ese gen.