LUNAS DE AGUA

Gracias a sus enormes océanos de agua líquida, los satélites de Júpiter y Saturno son la apuesta más segura de la ciencia para encontrar vida extraterrestre

El reciente hallazgo de géiseres de agua en el Polo Sur de Europa lo ha situado en el primer lugar como candidato para albergar vida.

Es la primera vez en la historia de la Agencia Espacial Europea (ESA) que vamos a liderar una misión al Sistema Solar Externo y explorar las lunas de Júpiter.” Quien señala esto, desde el otro lado del teléfono, es Fabio Favata, Coordinador de Programas Científicos de la Agencia Espacial Europea, ESA. Al mismo tiempo, y también por primera vez, el Congreso de Estados Unidos ha firmado una ley que “obliga” a la NASA a realizar una misión a Europa, uno de los satélites jovianos. ¿Por qué, de pronto, hay tanto interés en explorar estos cuerpos? En poco más de un año, tanto en Ganímedes como en Europa los científicos han detectado enormes océanos de agua. Solo Europa tiene entre dos y tres veces más del líquido elemento que nuestro planeta. También Encélado, centinela de Saturno, se ha sumado a la lista. “Los mayores depósitos de agua del Sistema Solar están en los satélites de hielo”, señala Olga Prieto, astrobióloga del Centro de Astrobiología, CAB. “Si estamos buscando condiciones de planetas habitables, pondría a Marte por detrás de Europa.”

Prieto forma parte de una misión de la ESA: JUICE (JUpiter ICy moons Explorer, explorador de las lunas heladas de Júpiter), cuya llegada a Europa será en 2030. Luego continuará orbitando Ganímedes y Calixto. En su equipo lleva un espectrómetro de infrarrojos, para reconocer la composición de los elementos en la superficie de Europa, una cámara topográfica de alta resolución y un espectrómetro de masas para analizar la atmósfera del satélite. Todos estos instrumentos posibilitarán, según Favata, “medir el espesor de la capa de hielo y la profundidad de los océanos; y esos datos precisos nos permitirán saber la antigüedad de los mares y si allí se pudo haber formado vida”. “Allí” es bajo un mar de 100 kilómetros de profundidad y con presiones que llegan a un gigapascal: 100 veces más que en el fondo de los mares terrestres. ¿Por qué creen los científicos que en esas condiciones extremas podrían encontrar vida? Por la energía hidrotermal.

“No importa lo extremas que sean las simulaciones en el laboratorio: la vida siempre se adapta a condiciones más duras aún”

Hasta el año 1970, la teoría científica imperante aseguraba que la vida solo era posible en la Tierra gracias a la energía que provenía del Sol. Siete años más tarde, en las islas Galápagos se descubrieron gusanos y crustáceos que vivían a grandes profundidades, sin acceso a ninguna fuente de luz solar. Para sobrevivir se alimentaban de bacterias que obtenían su energía del hidrógeno que emanaba de las chimeneas volcánicas. Pero mucho más cerca, en Río Tinto, en Huelva, con un nivel de acidez similar al del interior de una batería, hay organismos que viven, proliferan y lo pasan de miedo.

“No importa el extremo al que vayamos”, señala Prieto, “siempre hay un organismo que parece adaptarse a él. Lo que tiene Europa es que el agua está en contacto con la roca, y eso libera elementos que pueden ser nutrientes para organismos que viven en el agua. Para que exista un ambiente habitable, de las cosas que hemos aprendido de la vida en la Tierra, necesitamos agua líquida, elementos esenciales, o CHONPS (carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, fósforo y azufre), y una fuente de energía que pueda mantener el metabolismo. En Europa no pueden servirse de la energía del Sol. Los organismos utilizarían energía química. Como ocurre en Río Tinto, organismos que se comen un mineral y lo que hacen es oxidarlo para que los pueda recoger otro, volverlos a oxidar y así sucesivamente. Si no hay una fuente de mineral inicial que te puedas comer, no tienes cómo empezar”.

Todo esto permite pensar que Europa es, en nuestro Sistema Solar, uno de los lugares ideales para hallar vida. Y por eso la NASA ha apostado también fuerte en una misión al satélite joviano, la sonda Clipper. Esta misión costaría unos 1.500 millones de euros y, según Beth Robinson, la responsable de financiación de la agencia estadounidense, es su proyecto bandera y en el que cifran sus apuestas más firmes para hallar vida. “El lanzamiento”, afirma Robinson, “sería en una década. La misión es un desafío enorme, ya que habrá que jugar con condiciones de radiación muy altas y será necesario prepararse para ello: los equipos, los materiales…”

A Júpiter por la ley

Lo extraño de todo esto es que hasta hace muy poco la NASA debía mendigar dinero para llevar a cabo sus proyectos. Entonces apareció un senador, el tejano John Culberson –un apasionado de la ciencia por lo que parece–, quien luchó para que la Agencia recibiera 43 millones de dólares en 2013 y 80 en 2014 para realizar una misión a Europa… cuando la NASA no la tenía planificada. De hecho, en los presupuestos de este año no se hace mención alguna a la Luna o Marte, pero sí se cita el satélite de Júpiter.

La vida es posible en Europa. Hemos simulado el entorno y los organismos sobreviven en él

La misión Clipper tendrá varios pasos. En una primera etapa habrá una sonda orbital equipada con instrumentos muy similares a los de JUICE. Su objetivo será indicar el sitio más adecuado para hacer aterrizar un vehículo robótico (la segunda fase) como el Endurance. Este robot ya ha sido testado en la Antártida, y tendrá la misión de obtener muestras de agua e intentar confirmar la presencia de vida.

¿Habrá elefantes en Júpiter?

Al preguntarle a Olga Prieto por las posibilidades de hallar vida, su respuesta es esperanzadora. “Ahora mismo, para ser precavidos se suele hablar más de la posibilidad de encontrar ambientes habitables, no de hallar vida. Los instrumentos con que contamos en JUICE permiten medir parámetros físicos y químicos muy simples. Para hacer una medida biológica se necesitan instrumentos más complejos. Se precisa una nave que europeice, es decir, que aterrice en la superficie de Europa y obtenga muestras. A lo mejor se pueden detectar moléculas orgánicas y hasta biológicas; pero hay que tener cuidado, porque si estudias una muestra microscópica y tu resolución no es microscópica, puedes cometer un error… A menos que veas un elefante, y no creo que haya allí. Sí me gustaría confirmar que fuera de la Tierra hay ambientes habitables, que no solo aquí se dan las condiciones para que se pueda originar o desarrollar la vida”.

Cuando Favata se enfrenta a la misma pregunta, su respuesta es aún más esclarecedora: “No veo por qué tendríamos que ser únicos. En la historia de la humanidad empezamos creyendo ser el centro del universo, y la historia de la ciencia ha puesto a nuestra especie en un lugar cada vez más periférico. La revolución copernicana nos desplazó del centro del cosmos, luego llegaron más galaxias, más planetas habitables. La Tierra se ha convertido en un pedacito del cielo. No somos únicos. Descubrir otra forma de vida sería casi el último paso en la marginalización del planeta, hasta ahora el único con vida. Sería una etapa muy importante”.

¿Cómo están tan seguros de que esto sucederá, que encontraremos vida extraterrestre? ¿Acaso contamos con un simulador que nos permite recrear las condiciones de Europa o cualquier lugar del universo? Pues no, contamos con más de uno. Y aquí, en España. En el CAB, Prieto puede jugar a formar cualquier entorno que la ciencia o su imaginación le dicten. Para ello cuenta con cinco simuladores, unas esferas de un metro de diámetro que permiten recrear las condiciones de vacío, radiación y presión, y controlar los elementos, y hasta las bacterias, que se introducen.

“Tenemos dos cámaras para Marte”, explica Prieto, “otra para ambientes interplanetarios, una para superficies planetarias y otra para el interior, y otra está dedicada a condiciones de radiación, como el caso de las partículas cargadas de Júpiter. Allí es donde hacemos nuestros experimentos para saber si la vida sería posible en condiciones como las de Europa”.

Nunca seremos los mismos

La misión JUICE comenzó a gestarse en 2005, y los primeros datos llegarán en 2030. Prieto bromea al respecto: “Sí, soy una mujer con una misión. Solo una”. Pero Favata lo explica de otro modo: “Cuando empecé, analizaba datos muy estimulantes de satélites. Luego me di cuenta de que hubo alguien que trabajó 20 años para que el satélite funcionara y yo pudiera hacer un trabajo excitante. Hay que ser generoso para hacer ciencia: aunque trabajen en JUICE muchos de los científicos durante años y años, cuando lleguen los datos estarán jubilados. Y no leerán los resultados. Mi trabajo de hoy es para que en el futuro alguien goce con sus frutos”. Datos que quizá cambien la historia de la humanidad.